19 de May del 2015

¿Por qué hay perros que muerden?

 

¿Por qué hay perros que muerden?

 

La agresividad no es algo antinatural. Todos, animales y personas, podemos acabar siendo agresivos bajo determinadas circunstancias; la cuestión está en que una adecuada educación ayuda a controlar esos impulsos agresivos y nos permite convivir. En el caso de los animales, las conductas agresivas pueden darse por una reacción de protección del territorio, defensa de la camada, establecimiento de la jerarquía en animales que viven en manadas, competencia de varios machos por una hembra, miedo e imposibilidad de huir ante una amenaza, dolor, etc.

 

 “No sigas, estoy enfadándome…”

Los perros también pueden tener respuestas agresivas, incluso los más mansos, pero suelen mostrar una serie de señales antes de atacar que debemos saber interpretar. Cuando un perro se siente amenazado dobla las orejas hacia atrás (es una reacción refleja, para evitar ser mordido en esa parte tan sensible y expuesta en una hipotética pelea con otro animal), se tensa estirando las patas o eriza el pelo del lomo (para parecer más grande y amenazador). Si gruñe y enseña los dientes nos están indicando que está a punto de morder, es la última señal antes de pasar a la acción.

 

Si sabemos interpretar todas estas señales sabremos que algo va mal, evitaremos que vaya a peor y probablemente no se producirá la agresión: en la naturaleza el coste de una pelea puede ser muy elevado, ya que una herida importante puede significar la muerte del animal aunque haya salido vencedor en la contienda. Mejor amenazar y evitar la lucha, eso es lo que dictan los instintos naturales, así que si sabemos cómo comportarnos todo quedará en un “intercambio de impresiones amistoso”.

 

Una buena socialización del cachorro es la clave

Una buena socialización del perro evita que muchos estímulos (gente, otros perros en el parque, tráfico, ruido, el llanto de un bebé, etc.) sean interpretados por el animal como algo que lo puede poner en peligro. El periodo clave para conseguirlo está entre las tres y las 12 semanas de edad, aunque se puede trabajar para reeducar a un perro a cualquier edad posterior e incluso los estímulos que recibe una perra gestante también van a tener influencia en el carácter de su camada. Pero entre las tres y las 12 semanas es cuando la educación que le demos a nuestro perro determinará en gran medida que luego no haya problemas de agresividad y que llegue o no a morder.

 

Si el cachorro no ha recibido educación temprana se puede intentar tratar un problema de agresividad mediante técnicas de modificación de conducta, pero en algunos casos solo se conseguirá reducir su intensidad. En estos casos el veterinario te aconsejará la mejor manera de tratar el problema o te recomendará que acudas a un especialista en comportamiento para que te indique cómo enfrentarte a esta situación.

 

¿Qué hacer y que no hacer para evitar que un perro muerda?

 

NO… dejes a un niño o bebé solo junto a un perro, por muy manso que sea.

 

NO… molestes a un perro que está durmiendo.

 

NO… acaricies o beses a un perro que no te conoce.

 

NO… molestes a un perro que está comiendo o mordiendo un juguete u otro objeto.

 

NO… pegues o asustes a un perro. Además de ser una crueldad, un perro atemorizado tiene más posibilidades de morder.

 

NO… molestes a una perra cuando está con su camada.

 

… socializa y educa al perro desde que es un cachorro.

 

… enseña a los niños cómo deben acercarse a un perro y manipularlo.

 

… lleva a tu perro con la correa en las salidas diarias.

 

… esteriliza a tu animal, porque esta intervención reduce el comportamiento agresivo.

 

 

Educación de los niños para que convivan con sus mascotas sin problemas

 

En cuanto a las posibles reacciones agresivas, incluso en animales bien socializados, para prevenirlas debes tener en cuenta sobre todo tres cosas:

 

Que el niño no moleste al perro cuando está comiendo o durmiendo. Se puede asustar y reaccionar de forma agresiva.

El niño debe aprender que no se puede tocar de forma violenta al perro, sobre todo las zonas más sensibles como orejas, cola, hocico, patas o vientre. Si le duele, puede que tenga una reacción defensiva.

No dejes que el niño corra detrás del animal, lo asuste o lo atrape no permitiéndole esconderse en su “refugio” si lo desea.

 

 

Al final, todo se basa en el sentido común: si educas bien al perro y lo tratas con cariño, se comportará normalmente. Y si detectas cualquier problema, cualquiera de las señales que te hemos comentado que pueden indicar una agresión, consulta cuanto antes con tu veterinario para que te dé las posibles soluciones o te recomiende un especialista en comportamiento que pueda ayudarte.